
Rancaño y el desafío de ordenar la seguridad en Castellanos: gestión, territorio y decisiones con datos
Redacción
En un mano a mano profundo y sin esquivar los temas sensibles, Sebastián Rancaño dejó en claro que su rol actual como coordinador del Ministerio de Seguridad en el departamento Castellanos está atravesado por una premisa central: gestionar con información concreta, presencia territorial y decisiones ajustadas a la realidad de cada localidad.
Lejos de apoyarse únicamente en su trayectoria, aunque inevitablemente marcada por sus años como presidente comunal de Santa Clara de Saguier, Rancaño planteó que su desembarco en esta nueva función responde a una combinación de experiencia y oportunidad. Tras haber dado un paso al costado luego de una extensa gestión local, la convocatoria del gobierno provincial lo encontró en un momento de madurez política, dispuesto a asumir un desafío que, según sus propias palabras, era difícil de rechazar.
Desde ese lugar, describió un esquema de trabajo que busca romper con viejas lógicas y avanzar hacia un modelo más dinámico. La clave, explicó, está en el análisis permanente de la operatividad policial y en la lectura diaria de los mapas del delito, herramientas que permiten intervenir con mayor precisión en un territorio complejo, compuesto por ciudades con realidades muy distintas y decenas de localidades más pequeñas.
En ese entramado, Rancaño remarcó que no existe una única receta. La seguridad en Castellanos, sostuvo, requiere comprender las particularidades de cada comunidad, desde Rafaela hasta Frontera, pasando por Sunchales o San Vicente, y actuar en consecuencia. Esa mirada, aseguró, es la que ha permitido avanzar en distintos frentes, incluyendo no solo los delitos contra la propiedad, sino también problemáticas más profundas como el microtráfico y las economías ilegales.
Uno de los puntos centrales de su exposición fue el cambio en el sistema de patrullaje en Rafaela. Según detalló, se pasó de una lógica dispersa, sin criterios de análisis, a una organización por cuadrantes que permite optimizar recursos y mejorar los tiempos de respuesta. Hoy, explicó, la ciudad cuenta con una mayor presencia de móviles en horarios clave y una articulación directa con el sistema 911, considerado como la columna vertebral del esquema de seguridad.
Ese modelo, basado en la trazabilidad de cada intervención, no solo apunta a responder con mayor rapidez, sino también a generar información que luego permita ajustar la estrategia. Cada llamado, cada incidencia, deja un registro que se analiza y se convierte en insumo para futuras decisiones.
Sin embargo, el propio Rancaño reconoció que el escenario sigue siendo complejo. El crecimiento de los delitos predatorios, como el robo de bicicletas o elementos de menor escala, aparece como una de las principales preocupaciones de los vecinos. En ese sentido, insistió en la importancia de la denuncia, no solo como herramienta judicial, sino como base para dimensionar correctamente el problema y actuar en consecuencia.
También hizo hincapié en la necesidad de hablar con claridad, sin tecnicismos, y de sostener un vínculo directo con la comunidad. En su recorrido, destacó las reuniones mantenidas con vecinales y grupos de vecinos, espacios donde —según remarcó— no solo se reciben reclamos, sino que también se construyen respuestas.
Al momento de hacer un balance, evitó comparaciones con gestiones anteriores y eligió enfocarse en el punto de partida y en los avances logrados. Admitió que aún hay limitaciones en términos de recursos y que la demanda social supera muchas veces la capacidad de respuesta, pero sostuvo que el camino es el de la mejora continua, basada en datos objetivos y en una gestión activa.
En ese marco, dejó una definición que resume su enfoque: la seguridad no se construye desde un solo lugar, sino a partir de responsabilidades compartidas. Pero para que eso funcione, advirtió, cada actor debe cumplir con su rol. El Estado, con planificación y presencia; la Justicia, con investigación; y la ciudadanía, con participación y compromiso.




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