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Lo estudios lo comprueban: a aquellos alumnos cuyas familias acompañan en sus trayectorias escolares, les va mejor en la escuela…. y en la vida.

Veamos algunas pautas que pueden ser de ayuda, que podrías compartir con ellos.

Salud 07/03/2023 Redacción Redacción
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Primero, lo básico:
► El sueño: la falta de sueño es una de aquellas cosas que tienen un efecto negativo en el aprendizaje. Dicho de manera sencilla, los chicos que no duermen bien aprenden menos.
► El desayuno: desayunar tiene repercusiones en el rendimiento escolar. Los estudios demuestran que los niños que desayunan tienen un mejor rendimiento, les va mejor en la escuela y tienen mejor concentración y más energía. A veces, será cuestión de levantarse quince minutos antes o de dejarlo organizado desde la noche anterior; algunas familias desayunan juntas y otras no, pero como adultos debemos garantizarles a nuestros hijos un desayuno, idealmente nutritivo.
► Tan importante como el trabajo en clase, es el trabajo fuera de clase con las tareas o temas para estudiar. Podemos ayudarlos a organizar su espacio, sus tiempos y sus hábitos de estudio:
1. Ayudémoslos a encontrar un espacio libre de distracciones: es importante poder ayudar a nuestros hijos a elegir un lugar adecuado para hacer las tareas y estudiar. No a estudiar en la cama o tirados en el piso. Una mesa/escritorio los va a ayudar a tener una mejor postura y los va a ayudar con su caligrafía también. Si utilizan pantallas, asegurate que esté a la altura de sus ojos para evitar dolores de cuello, de espalda, o malas posturas.
2. Los horarios: a fin de generar hábitos, siempre es bueno alentar las rutinas. Las rutinas generan familiaridad, seguridad y estructura. Podemos establecer un horario y tratar de respetarlo.
3. Repasemos las técnicas de estudio en casa: resaltar o subrayar ayuda a entender, pero para aprender, van a necesitar “activar” ese contenido. Esto es repetir en sus propias palabras, hacer cuadros sinópticos, explicarle el contenido a alguien, dibujarlo, graficarlo, etc. Es importante también distanciar el estudio: es mejor estudiar todos los días un poquito y no todo junto el día anterior a un examen. Estudiar todo junto sirve, tal vez para aprobar, pero no para aprender. El día del examen de consolidación se darán cuenta que ya no recuerdan nada.
► Alentemos su autonomía: una de las habilidades más importantes que despliegan los alumnos más eficientes es la autonomía. En vez de hacerles los deberes, alentemos a que pidan ayuda; en vez de consultar las cosas por ellos en los grupos de whatsapp, enseñémosles a consultar con sus compañeros o docentes; en vez de estar detrás de ellos para que inicien una actividad, alentémoslos a usar una agenda o una alarma. Expliquémosles por qué apagar o alejar el celular cuando estén estudiando en casa, salvo que lo necesiten para cuestiones pedagógicas, los va a ayudar a concentrarse más y terminar antes. En otras palabras, debemos guiarlos, pero no hacerlo por ellos. Después de un tiempo, hacer las cosas que los chicos pueden hacer por ellos mismos puede contribuir a generarles la sensación de “no poder”, lo que genera dependencia, baja autoestima e inseguridad.
► Intervení sin controlar: “Ya empezaron las clases y no veo que estés organizado. Vamos a armar juntos un plan y yo voy a ir chequeando que lo cumplas.” Lo que buscamos es que se adueñe de la situación, y que esto lo lleve a preocuparse más. Acá nace la responsabilidad. Algo así como: “te ayudo a armar un plan, pero vos tenés que hacerte cargo del plan”.
► Utilicemos consecuencias y no castigos, que no enseñan. Por ejemplo, “el fin de semana empieza cuando los deberes estén hechos” es mejor que “¡andá a tu habitación y no salgas hasta que hayas hecho los deberes!”.
► Revisemos sus carpetas, sus agendas pero también sus emociones. Debemos asegurarnos que los chicos están emocionalmente tranquilos para que puedan aprender. Un poco de ansiedad es absolutamente normal. Tener diferentes emociones al mismo tiempo (un poco de miedo, un poco de ganas y un poco de preocupación)- también es normal. Ahora, si esta ansiedad o angustia se prolonga en el tiempo, será oportuno conversarlo en la escuela o con algún profesional.
► No naturalicemos actitudes como un dolor de estómago, de cabeza, o un cambio de humor. Podrían ser señales de que algo los está preocupando: desde alguna cuestión de vínculo con los compañeros o algún docente, algún problema de índole académico, o tal vez emocional.
► No olvides la actividad física y la socialización como medios para liberar el estrés acumulado. Sí a las actividades extraprogramáticas, pero cuidado de no llenarles la agenda de actividades, lo que puede generar estrés. Como en todo, será necesario un buen equilibrio y conocer a los chicos. Lo que es mucho para algunos, puede ser poco para otros.
► Algunas semanas después del arranque del año escolar, pedí una reunión en la escuela. No se trata de ver solo cómo le va con las notas, sino de ver cómo está emocionalmente, si participa de las clases, si sabe pedir ayuda, si colabora con sus compañeros y docentes, para poder ayudarlos desde temprano, si fuera necesario.
► Cuando haya reuniones en la escuela, intentá ir, o, al menos consultá acerca de qué se habló en la reunión. Nosotros también debemos asumir nuestra responsabilidad si queremos que nuestros hijos aprendan a ser responsables. Nosotros hacemos, ellos ven y ellos hacen.
► Involucrémonos: hablá con tu hijo más acerca de lo que está aprendiendo que de lo que hizo. En vez de “¿qué hiciste hoy en el colegio?”, es mejor preguntar “¿qué aprendiste hoy?”, “¿qué te sorprendió hoy de lo que aprendiste?”, “a quién ayudaste”, etc.

Existe una brecha enorme entre los alumnos que logran sus objetivos académicos y los que no. Cuando la familia se conecta con la escuela y la escuela se conecta con la familia, esa brecha se achica. Cuando la familia se involucra positivamente, se ve un impacto en el desempeño de los chicos, en la calidad de las tareas, en su conducta y obviamente, en los resultados y logros. La calidad del entorno de aprendizaje es más importante para el desarrollo social e intelectual de los chicos que la ocupación o ingreso de los padres. La evidencia es clara y contundente: lo que marca la diferencia es la actitud en relación al aprendizaje en casa. Inspiremos a los chicos, mostremos un interés genuino en sus estudios, y seamos una guía.

Un abrazo, Laura.
Laura Lewin.

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